lunes, 8 de diciembre de 2014

Dos historias, un mismo sueño

Fútbol juvenil
Dos historias, un mismo sueño

Como juvenil el futbolista tiene que pasar por varias etapas que lo forman como deportista y como persona. Las historias de Germán y Martín reflejan la experiencia de miles de chicos que prueban suerte en el fútbol.

El fútbol profesional de hoy, en el que se ha olvidado que es un juego y no un negocio de donde se sacan cada vez mayores ganancias, tiene otra cara no tan visible, aquella que se conserva desde sus inicios y que es la de la vida de millones de chicos que dejan sus lugares de origen para probar suerte en reconocidos clubes de Primera División. Grandes jugadores de fútbol pasaron por este trayecto en sus carreras y tuvieron que superar diversos tipos de obstáculos deportivos y de otro tipo para llegar a ser lo que son en la actualidad. Es así como la vida del futbolista juvenil que pasa por las divisiones inferiores de un club lleva a un montón de cambios que hacen a la formación de este, tanto como deportista profesional y como persona. Las historias de vida de esta primera etapa del jugador permiten ver un lado no tan mostrado por los medios y que refleja el sacrificio de dichos jóvenes en su amateurismo.
Estos jóvenes que vienen en busca de cumplir el sueño de jugar en Primera se encuentran con un camino lleno de obstáculos que comparten con miles de chicos que tienen el mismo deseo de llegar a ser profesional. Para la supervivencia en el mundo de las divisiones inferiores hay que mostrar otras cualidades que no son solo deportivas, sino que van desde la amistad, la solidaridad y el buen compañerismo que hacen a que la competencia sea leal.
Un ejemplo de lo anterior son las historias de Germán Pichihueche y Martín Cortez, dos juveniles que pertenecen a la Cuarta División de Gimnasia y Esgrima La Plata y que llegaron hace un tiempo a la ciudad desde sus lugares de origen en busca de cumplir su objetivo de jugar en Primera.
Germán es proveniente de Viedma y llegó a La Plata en 2008, pasando antes por dos clubes, Sol de Mayo y Villa Congreso, los cuales son de su ciudad natal. “Llegué por intermedio del hermano de un amigo que conocía a un director técnico de las inferiores”, explica el juvenil en relación a su arribo al club. En cuanto a sus inicios el jugador cuenta una anécdota que pudo haberle costado su permanencia en la institución pero que no le trajo mayores consecuencias: “La primera prueba fue con un compañero más y la segunda fue con el grupo de jugadores de la novena. De todas maneras, después de quedar, con la excusa de ir a buscar ropa a mi casa, fui a Rosario a presentarme en una empresa que buscaba jugadores. Volví a las tres semanas, cuando la pretemporada ya había terminado, y empecé a jugar de titular sin problemas”.
Luego siguió jugando de titular hasta que sufrió una lesión en la rodilla que lo dejó fuera de las canchas siete meses. El período que estuvo lesionado no fue nada fácil y prácticamente le hizo perder todo el año, solo pudo disputar los últimos tres partidos. En la octava división jugó todos los partidos como titular, no así en séptima, donde comenzó jugando pero luego fue alternando como suplente; esto mismo le pasó en sexta. En quinta jugó la mayoría de los partidos y este año en cuarta sufrió una tendinitis que lo tuvo parado tres semanas y le hizo perder terreno. “Cuando llegué era volante por izquierda o doble 5, ahora soy lateral por izquierda. Cuando pasás por distintos técnicos, te van modificando la posición”, explica el joven.
Martín, nació en Tucumán, hizo sus primeros armas en Atlético de Tucumán cuando tenía 8 años, de ahí pasó a San Martín de Tucumán, donde debutó en Primera a los 14, y luego se cruzó con un entrenador que lo bajo a Reserva. Después le llegó la posibilidad de ir a Estudiantes de La Plata, gracias a que su representante era el hermano de “Pipo” Gorosito. En dicha institución estuvo seis meses, pero no pudo jugar porque el club anterior no le quiso dar el pase, así que tuvo que volver a Tucumán hasta que le surgió la oportunidad de probarse en Gimnasia.
Asimismo el paso de Martín por las inferiores atravesó distintas etapas: fue titular en séptima y sexta, sin embargo en quinta sufrió una lesión en la rodilla que no le permitió tener continuidad y lo mantuvo en distintas ocasiones varios meses fuera de las canchas. Actualmente en cuarta se lesionó y paró tres meses; cuando regresó fue al banco pero luego de un tiempo volvió a tener continuidad. Con el entrenador de cuarta tuvo una discusión que lo llevó a entrenar un mes separado del plantel. Pasado el tiempo pudo retornar a los entrenamientos normales y actualmente ocupa la posición de central.
“Cuando llegué acá no me probé, empecé a jugar a los 16 años en sexta. A mí me toco jugar de lateral por derecha, una posición que no estaba acostumbrado, yo era más central, pero justo se dio que se lesionó el 4 y para no mover mucho me pusieron como reemplazante”, afirma Martín.
Refiriéndose a los entrenamientos Germán cuenta que son exigentes desde lo físico, se basan mucho con pelotas y mucho trabajo con pases. A veces son trabajos cortos de cuarenta minutos, pero muy intensos, y otros días correr. También hay días que hacen trabajos de fuerza, es decir, van cambiando los modos de entrenar respecto al día.

En cuanto a su parecer del fútbol juvenil de Gimnasia, opina: “El nivel de inferiores no es malo, pero el estilo de juego de Gimnasia no va mucho con los jugadores que hay, ya que la forma de jugar es un 4-4-2, muy aguerrido, con poco fútbol, por lo que implica correr y marcar mucho. Esto pasa porque las inferiores tratan de imitar el estilo de juego de Primera para estar preparado el día que llegues”.
En relación con lo anterior, Martín establece que “el nivel de inferiores fue mejorando, cualquier equipo tiene que jugar bien para llegar a sacar puntos”. Además puntualiza: “De chico no me costaba dejar cosas de lado, pero más de grande sí porque hay que acostarse a determinado horario, no comer cierto tipo de cosas, e ir al gimnasio para estar bien físicamente para rendir el máximo en los partidos”.
 “El primer tiempo vivía junto a otros compañeros en una casa que quedaba a la vuelta de la sede, la cual no estaba en buenas condiciones, parecía abandonada, había ratas y la comida no era buena. Es más, los domingos no había cena, solamente una vianda al mediodía”, cuenta Germán de lo que fue su estadía en los primeros años en La Plata. Asimismo, asegura que luego la situación mejoró, que se fue a vivir a la pensión que está ubicada en la sede del club, donde la pasaba mejor, y que actualmente está en un departamento solo que se lo pagan sus padres. En cambio Martín explica que cuando llegó el club le dio lugar en la pensión, la cual tuvo que dejar por cumplir la mayoría de edad y que en la actualidad vive en otra pensión.
En cuanto a su adaptación, cuenta Germán: “Al principio me costó, te miraban raro. De todas maneras llegué en un año de elecciones en el que llegaron muchos pibes. La ciudad me gustaba, pero tuve que cambiar muchas costumbres y no me fue fácil”. Con respecto a la convivencia en la pensión, aclara que era buena, que a pesar de que no son todos sus amigos y que en las habitaciones son muchos y que hay que compartir todo, tenés que llevarte bien porque ves a tus compañeros todos los días. Con respecto a su familia y el permanecer lejos de ella, Germán afirma que si bien le gusta vivir solo, hay momentos que extraña a su gente y que le gustaría estar con ellos. No obstante, el tucumano dice que la convivencia tuvo sus inconvenientes, que se generaba un clima de competencia que no era bueno y que surgían problemas con los chicos que estaban hacía más tiempo en el club.




Alumna: Bárbara Amaro Pérez

Crónica

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